Son extremadamente serios y angustiosos los momentos que estamos atravesando.

Como en todos los ramos, en el de las películas se sienten los efectos desastrosos de las actuales circunstancias, que vienen a paralizar la vida, siempre activa, de este negocio floreciente.

Por un lado la guerra, intensificando más su devastadora acción en estos últimos tiempos, en que se precipita el desenlace de la tragedia, reduce más y más el número de películas extranjeras que logran atravesar la frontera.

Por otro lado, la epidemia fatal que padecemos y que tantas víctimas está ocasionando, recluye a las gentes en sus hogares, temerosas de cazar al terrible microbio.

Y por eso las salas de espectáculos permanecen casi desiertas, y a la escasez de material — sobre todo de películas corrientes — vino a sumarse esta otra plaga, que amenaza paralizar en absoluto, por algún tiempo, el negocio de películas.

Algunos cinematógrafos de esta ciudad han cerrado sus puertas temporalmente.

No sabemos, en concreto, las causas de esta medida.

Mientras algunas empresas alegan que el cierre es debido a la escasez de material y hablan de reprisar cintas de éxito en la actual temporada, otras, no tratan siquiera de justificar la suspensión del espectáculo.

Según parece, el cierre temporal sólo obedece a la situación sanitaria por que atraviesa Barcelona, y que impide que el público llene las salas de espectáculos, como ha venido haciéndolo hasta ahora.

En las presentes circunstancias sólo nos toca hacer votos para que esta situación anormal e insostenible termine pronto, y vuelvan los espectáculos a verse concurridos por público numeroso, que llene las salas, atraído por la bondad de los programas.

Tal es nuestro deseo.

El Mundo Cinematográfico

Barcelona, Octubre de 1918